VENDEDORA DE FANTASÍAS

Cuando terminé la escuela secundaria
no sabía si irme a Italia a
cantar ópera o partir a un kibutz
en Israel a plantar tomates.
Nada de eso ocurrió.
Empecé a trabajar
como vendedora en la
Librería Santa Fé.

Pepe Cibrián Campoy, que por ese entonces vivía
al lado de la librería,
pasó un día por la puerta;
el encargado de ese momento
Andres Ducatanzeiler me dijo al verlo: –Vos tendrías que trabajar con él-.

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